Steve Cartwright, el mismo diseñador de Frostbite, construyó este shooter de disparo fijo con una vuelta de tuerca visual particular: en vez de naves alienígenas convencionales, los enemigos toman la forma de objetos cotidianos reconvertidos en amenazas espaciales, cada oleada con su propio patrón de movimiento. La estructura sigue el molde de Space Invaders, pero la variedad visual y de comportamiento entre oleadas le da una identidad propia.
Se lo recuerda como uno de los shooters más pulidos del catálogo de Activision para el 2600, con ese toque de humor surrealista que distinguía a buena parte del trabajo de la compañía frente a la competencia más seria de Atari.

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