Mike abrió su casino en algún rincón del archivo y no dejó ni el apellido: la entrada llega sin créditos ni fecha. Adentro, la promesa de siempre: paño verde, cartas o ruedas y esa contabilidad que favorece misteriosamente a la casa.
Los casinos de fósforo fueron escuela de probabilidad para toda una generación: se aprendía perdiendo, pero perdiendo gratis.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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