Los franceses de Titus tomaron en 1991 la licencia de la película de culto y la tradujeron a plataformas puras: Jake y Elwood escapan de la ley entre bastidores, depósitos y escenarios, arrojando cajones y rebotando con una alegría que la crítica europea celebró.
De la misión divina quedó el traje, los lentes y el ritmo: correr, saltar y llegar al concierto. Blues de fósforo, sorprendentemente ágil.
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