Clásico de Sega que revolucionó el género al introducir una perspectiva isométrica tridimensional donde la altitud de la nave importaba tanto como su posición horizontal, obligando al jugador a calcular su sombra en el suelo para esquivar obstáculos y misiles con precisión real. Sobrevolar la fortaleza enemiga hasta enfrentar al dragón mecánico final se convirtió en una de las hazañas más recordadas del arcade de comienzos de los 80. Su influencia técnica se sintió durante años en todo el género de shooters con pretensión de profundidad visual.

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