Camelot, el estudio que venía de Shining Force, exprimió la GBA con efectos de psinergia que parecían de 32 bits y un sistema de djinns que reconfiguraba clases enteras. Su historia quedó partida a la mitad: para continuar en The Lost Age había que transferir la partida con una contraseña monstruosa de más de 250 caracteres, ritual que toda una generación copió a mano en cuadernos escolares.
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