Masahiro Sakurai y Satoru Iwata construyeron en secreto un prototipo llamado Dragon King: The Fighting Game, con muñecos genéricos, e Iwata mismo programaba. Solo después le propusieron a Nintendo poblar el caos con Mario, Link y Pikachu, algo entonces impensable: mezclar mascotas sagradas a golpes. La apuesta clandestina fundó un género, vendió millones y terminó siendo la franquicia crossover más ambiciosa del medio.
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