Clay Fighter 63⅓ lleva a Nintendo 64 la propuesta de la saga ClayFighter de Interplay: peleadores modelados en plastilina y animados con una estética que imita el stop-motion, envueltos en un humor absurdo que siempre funcionó como la principal carta de la franquicia frente a rivales de lucha más serios como Mortal Kombat o Killer Instinct.
Es un juego de lucha pensado para la diversión antes que para la profundidad competitiva, y aunque nunca alcanzó el prestigio de los grandes nombres del género, tiene un lugar propio como una de las propuestas más excéntricas del catálogo de lucha de la consola.
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