Como el título promete, es una colección extensa de crucigramas pensada para partidas cortas, con la lapicera táctil de la consola haciendo las veces de birome. No hay narrativa ni progresión: es puro pasatiempo de sobremesa o de viaje. Es de esos títulos que explican por qué la DS fue la consola preferida de tanto jugador ocasional: barata, sin fricción, y perfecta para una sala de espera.
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