Animal Crossing: Wild World trasladó a la portátil la fórmula ideada por Katsuya Eguchi y el equipo de Nintendo EAD: un pueblo habitado por animales antropomorfos donde no hay objetivos urgentes, sino tareas cotidianas —pescar, cavar fósiles, pagar la hipoteca, decorar la casa— que avanzan al ritmo del reloj real. Fue además pionero en llevar la conectividad Wi-Fi de Nintendo a las relaciones entre pueblos de distintos jugadores.
Sigue siendo uno de los títulos más queridos de la biblioteca DS: su ritmo pausado y su ausencia de presión envejecieron mejor que la mayoría de sus contemporáneos, y explican por qué la serie sigue viva hoy.
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