Juego japonés de laberintos: recorrer dédalos crecientes con trampas, llaves y rutas engañosas, en la tradición del pasatiempo puro que la Famicom consumía sin complejos. Sin épica ni licencias: solo el placer ancestral de perderse y encontrar la salida. Rareza de catálogo que hoy funciona como ejercicio zen en 8 bits.

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