Adaptación de la locura japonesa por el Mini 4WD, esos autitos de carril que armaban y modificaban los chicos en los ochenta. El juego traslada la lógica del hobby: configurar el vehículo y verlo correr sin control directo. Un producto profundamente local, atado a una moda que fuera de Japón casi nadie entendió, y que jamás se exportó.

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