Shougi lleva a la pantalla el ajedrez japonés tradicional, un juego de mesa con siglos de historia y una diferencia central respecto de su primo occidental: las piezas capturadas no desaparecen del juego, sino que pasan a la reserva del jugador que las capturó y pueden volver a colocarse en el tablero como propias, lo que multiplica exponencialmente la complejidad estratégica frente al ajedrez convencional.
Programar una inteligencia artificial capaz de jugar shougi de manera decente era, para el hardware de la época, un desafío considerablemente mayor que el del ajedrez occidental, dada esa regla de reincorporación de piezas. Es un buen ejemplo de cómo el software de mesa japonés apuntaba a un público dispuesto a un desafío intelectual serio.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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