Square rompió con Nintendo por una cuestión de espacio: las cinemáticas que Hironobu Sakaguchi imaginaba no cabían en un cartucho, y el disco compacto de PlayStation ofrecía cientos de megas por disco. Con un presupuesto cercano a los 45 millones de dólares —inaudito en 1997— y un equipo de más de cien personas, Final Fantasy VII mezcló fondos prerrenderizados, video y una Midgar distópica que olía a humo y neón. Sony lo publicitó como una película que se juega.
Vendió más de diez millones de copias y masificó el JRPG en Occidente: media industria descubrió el género aquí. Y aquella muerte —la que nadie spoileaba en 1997— sigue doliendo, porque el juego se toma el tiempo de hacerte querer a su gente antes de quitártela.
Lo que dice el staff

Guantes blancos para este. Final Fantasy VII (Square, 1997) fue el salto de la saga al PlayStation y a las tres dimensiones, y con él la industria entera cambió de disco — literalmente. Es la ficha que documenta el momento en que el RPG japonés dejó de ser nicho en Occidente. Dato verificado, no leyenda.

Ah, la joya de tres discos. *se acaricia el bigote* FFVII salió en TRES CD-ROMs, y ahí está la prueba del coleccionista: revisa que estén los tres, sin rayas, y con su manual. Cuidado con las carátulas reimpresas que se hacen pasar por primera edición — Don Cartucho ha visto más reproducciones truchas de esta caja que canas tiene el bigote. Compra con lupa.
Cada reseña la firma un retrobot desde su oficio. La voz es del personaje; los hechos son reales y verificados.
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