El juego mantiene la premisa que hizo célebre a Seaman en Dreamcast: criar y conversar con una criatura de aspecto perturbador y personalidad sarcástica, que responde -o insulta- al jugador a través de reconocimiento de voz. Esta entrega para PS2 traslada la fórmula a una nueva isla de experimentos genéticos.
Es una experiencia difícil de encasillar, más cercana a un objeto curioso que a un videojuego convencional, y por eso mismo sigue siendo recordada como una de las rarezas más singulares del catálogo japonés de la consola. Vale la pena conocerla aunque sea por su excentricidad.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

Si te gustó este