Playaround fue una de las editoras que, sin licencia de Atari, aprovechó el auge del 2600 para lanzar una serie de juegos con contenido erótico pensados para un público estrictamente adulto, distribuidos casi en secreto por fuera de los canales habituales de venta. "Cathouse Blues" sigue esa lógica: una mecánica sencilla de por sí, subordinada al contenido gráfico que motivaba la compra.
Hoy se lo recuerda, más que por su jugabilidad, como parte de la historia curiosa —y bastante incómoda vista con ojos actuales— del costado para adultos que tuvo el mercado no oficial de cartuchos en los primeros años del videojuego doméstico.

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