Publicado por Mystique en 1982 dentro de su línea de juegos para adultos, se ganó un lugar en la historia del videojuego no por ningún mérito de diseño sino por una premisa que combinaba desnudez con una representación degradante de una mujer nativa americana, lo que generó protestas de organizaciones indígenas y de derechos civiles apenas salió a la venta. La reacción pública fue tan fuerte que contribuyó a instalar el debate sobre qué contenidos eran aceptables en un medio todavía nuevo.
Hoy se lo estudia casi exclusivamente como caso de estudio sobre los límites éticos que cruzó la industria en sus primeros años, no como una experiencia que alguien recomendaría jugar.

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