Conversión doméstica del arcade de Atari que convirtió el miedo a la guerra nuclear en un juego de puntería: hay que interceptar misiles enemigos antes de que destruyan las ciudades bajo tu cuidado, calculando trayectorias con un cursor mientras la munición se agota. Su tensión creciente y su final inevitable, donde la derrota siempre termina llegando, le dieron una lectura casi filosófica poco habitual para la época. Sigue siendo uno de los diseños más elegantes y cargados de sentido de todo el arcade clásico.

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