Adaptación oficial del fenómeno arcade de Namco, publicada por Atari con expectativas altísimas que el hardware de la consola no pudo cumplir del todo: fantasmas parpadeantes, un laberinto simplificado y un sonido distinto al original decepcionaron a buena parte del público que ya conocía la versión de las salas de juego. Pese a eso, se convirtió en uno de los cartuchos más vendidos de la historia de la 2600. Su historia es hoy una lección clásica sobre las expectativas desmedidas y el desgaste que sufrió la industria a comienzos de los 80.

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