Test Drive, de Accolade en 1987, vendía la fantasía completa: elegir un superdeportivo de catálogo —de Ferrari a Lamborghini—, tomar la ruta de montaña y negociar con el tránsito, la policía y el barranco. El tablero replicado con mimo hacía la mitad del hechizo.
Radar, cambios a tiempo y esa curva ciega donde el fanfarrón devuelve el auto en pedazos. Fundó una dinastía; la prueba de manejo original sigue teniendo su encanto.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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