Gargoyle's Quest tomó a Firebrand, la gárgola enemiga de la saga Ghosts'n Goblins, y le dio protagonismo propio en un mundo de demonios narrado con mapa, pueblos y diálogos, algo poco habitual en la Game Boy de 1990. El resultado combina plataformas verticales, vuelo limitado y combate con un diseño de niveles exigente, marca de la casa Capcom.
Es uno de los títulos más respetados del catálogo temprano de la portátil: sentó las bases del subgénero de acción-aventura oscura que años después inspiraría a otros juegos, y sigue jugándose bien hoy gracias a un diseño ajustado y una ambientación que se aleja del tono infantil habitual de la época.
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