Keep the Balance propone niveles donde la física y la precisión del jugador pesan más que los reflejos, con el objetivo de sostener estructuras u objetos sin dejarlos caer, en un diseño minimalista típico del puzzle europeo de la época.
Es un título de nicho que apostó a la lógica y la paciencia antes que a la acción, encontrando en la Game Boy Color un soporte adecuado para sesiones cortas de ensayo y error.

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