Sneaky Snakes propuso a Codemasters un enfoque distinto para la Game Boy: una serpiente como protagonista, moviéndose por escenarios con trampas y enigmas de plataforma que exigían tanto reflejos como paciencia para descifrar el camino correcto. La productora británica, especializada en juegos de bajo perfil pero mecánicas cuidadas, le dio a este título un aire distinto al de los plataformeros con licencia que dominaban el catálogo.
Se lo puede disfrutar hoy como un plataformero de acertijos poco convencional, alejado de las marcas conocidas, en esa línea de juegos originales que Codemasters cultivó con cierta insistencia en los noventa.
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