Como buena parte de los videojuegos con licencia de película infantil que poblaron el catálogo de DS a fines de la década, tomó la premisa romántica del filme de 2010 —dos lobos de status social distinto que terminan enamorándose durante un viaje forzado— y la convirtió en niveles cortos de plataformas y minijuegos pensados para acompañar el estreno en cines más que para ofrecer una experiencia propia.
No aspiraba a la trascendencia: era mercancía de temporada, del tipo que se vendía junto al pochoclo y el DVD. Hoy sobrevive como capítulo menor de la enorme cantidad de tie-ins cinematográficos que definieron a la DS como la consola "para toda la familia" de su generación.
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