Monster Hunter propuso una idea todavía poco explorada en 2004: salir a cazar bestias colosales en misiones extensas, recolectar sus materiales y usarlos para forjar armas y armaduras cada vez mejores, en un ciclo de progresión pensado especialmente para jugarse en cooperativo con otros cazadores. El ritmo pausado y la curva de aprendizaje exigente lo alejaban de la acción convencional de la época. Este primer juego echó las bases de una franquicia que, años después, se convertiría en un fenómeno mundial. Volver a él hoy es interesante sobre todo como arqueología: ver la fórmula todavía cruda, antes de que Capcom la refinara hasta el nivel de sofisticación que alcanzaría en entregas posteriores.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.
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