Griffon es una de esas placas que sobreviven en listados de coleccionistas sin una historia documentada en profundidad: no hay fuentes suficientes para afirmar con seguridad su género exacto ni las circunstancias precisas de su desarrollo.
Mejor reconocer esa laguna que llenarla con datos inventados: su valor hoy es sobre todo arqueológico, como recordatorio de cuánto material arcade quedó fuera del registro histórico convencional.
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