Popeye-Man toma el esqueleto jugable de Pac-Man y lo reviste con referencias visuales al marinero de la historieta, siguiendo la práctica habitual de las reconversiones no autorizadas que aprovechaban personajes populares para vestir mecánicas ajenas sin pagar licencia ni al creador original del juego ni al de la temática usada.
Es un testimonio más de la extensísima familia de variantes del comehombres que circuló por el mundo durante los años ochenta, cuando la protección de propiedad intelectual en el arcade todavía era mucho más laxa que hoy.

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