Thief traslada la lógica de Pac-Man a un laberinto de calles urbanas: el jugador maneja un auto perseguido por patrulleros azules mientras recolecta billetes desperdigados por el mapa, con signos de dólar dorados que funcionan como las energizantes clásicas, permitiendo cazar temporalmente a los propios policías. Dieciséis niveles en total, los primeros ocho con diseños únicos que después se repiten a mayor velocidad.
Su rasgo más recordado es técnico: usaba sonidos grabados en una cinta física dentro del propio gabinete para simular comunicaciones de radio policial, un recurso que Pacific Novelty repitió en otros títulos como NATO Defense y Shark Attack, y que hoy se cita como una curiosidad temprana de diseño de sonido en el arcade de comienzos de los ochenta.
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