Versión occidental del juego de tablero Hexcite, donde los jugadores colocan piezas de distintas formas -cuadrados, triángulos, rombos- para dominar un espacio hexagonal. No hay azar: todo es lectura del tablero y anticipación.
Es un título extraño en el catálogo, más cercano a un juego de mesa importado que a un videojuego. Y por eso mismo no envejece: las buenas reglas abstractas son inmunes al paso del hardware.

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