Kwirk plantea niveles de tipo Sokoban -empujar cajas y objetos hasta encajarlos en su lugar correcto dentro de un laberinto- con un protagonista carismático y una dificultad que crece de forma gradual y muy bien calibrada.
Es uno de los puzzles más recordados con cariño del catálogo temprano de Game Boy: sencillo de entender, exigente de dominar, y un ejemplo temprano de cómo el género de rompecabezas de lógica encontró en la portátil un formato ideal.
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