Traducción a plataformas de la leyenda del laserdisc de Don Bluth (1990). Dirk avanza pesado, cada toque mata y cada pantalla exige memorizar patrones al milímetro: un juego célebre precisamente por lo poco que perdona. Como adaptación es discutible; como desafío histórico y objeto de conversación retro, es inagotable. Entrar al castillo de Singe cuesta caro.
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