La escena homebrew ejecuta su atraco: Heist convierte el golpe criminal en materia de juego, con sigilo, plan y botín en formato de 8 bits. El cine de robos siempre le debió un cartucho a la NES, y la comunidad moderna saldó la deuda por su cuenta. Guantes puestos: la nostalgia también se roba con elegancia.

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