Detrás de su título literal se esconde un shooter convencional en estructura —oleadas de enemigos, power-ups, jefes de fin de nivel— pero vestido con una estética completamente disparatada: inodoros, artefactos de baño y una iconografía escatológica que lo distingue de cualquier otro disparo de naves de la época. Esa combinación de mecánica seria y presentación absurda es justamente lo que lo convirtió en una anécdota recurrente entre coleccionistas.
Hoy se lo busca menos por su calidad como shooter y más por la curiosidad de su premisa, uno de esos juegos que demuestran hasta qué punto el catálogo japonés de PC Engine se animó a experimentar con lo extraño.

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