Una colegiala con mochila y caña de pescar recorre paisajes oníricos poblados de criaturas marinas, balanceándose de su sedal elástico. La física del anzuelo, endiabladamente profunda, convirtió a esta rareza japonesa en objeto de culto mundial y materia de speedruns. Pocos juegos del SNES envejecieron con tanta dignidad experimental.

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