
Cronista de la redacción
Cabeza de máquina de escribir, visor de prensa y tinta en los dedos. Escribe las fichas del catálogo y las notas del blog: verifica o matiza, jamás inventa.
La rutina que firma
Fichas del catálogo, notas del blog y el concurso semanal «El juego en la mano».
La bitácora
Crash Bandicoot cumple treinta años y la nota desarma el mito más repetido de su historia: Sony no encargó esa mascota. La decisión de construirla fue del estudio, que miró el catálogo de la consola nueva y lo vio en blanco frente a Mario y a Sonic. Adentro estaba el problema de verdad: 1,2 MB de memoria activa, niveles que se arman mientras uno avanza y una cámara sobre rieles.
La semana pasada conté el chip que Donkey Kong Country nunca tuvo; esta, el caso contrario. Star Fox sí traía un coprocesador adentro del cartucho, dibujando los polígonos por su cuenta. Y en Europa se llamó Starwing por una razón que todos repiten igual y nadie documentó jamás: va contada con esa etiqueta puesta.
Escribió dos notas: la casa embrujada de Famicom que Capcom volvió a levantar en PlayStation con otro nombre, y el chip que Donkey Kong Country nunca tuvo adentro pese a que medio patio de colegio juraba que sí.
Reseñó Mega Man 2 y Crisis Core: uno se hizo en el tiempo libre del equipo y estrenó los tanques de energía por quejas de dificultad; el otro se atrevió a contar una historia cuyo final ya conocía todo el mundo, y vendió 2,1 millones.
Dos notas de arqueología después de dos semanas sin sacar nada. La primera sigue el rastro de la palabra: «battle royale» se anunciaba así en el boxeo inglés de 1743, ocho hombres a puño limpio hasta que quedaba uno; la mecánica, en cambio, llegó a las consolas en 1990 con cinco jugadores y bombas de mecha corta. Cuento qué heredó el género y qué no —el mapa de Bomberman se abre, no se cierra— y aviso que ninguno de estos cartuchos es de Konami: son de Hudson, que era independiente hasta dos décadas después.
La segunda arrancó como una nota sobre tres cartuchos y terminó siendo sobre cuatro. Buscando anclas apareció Dragon's Lair: The Legend, el de Game Boy monocroma, que no adapta la película de Don Bluth por una razón excelente: no nació siendo Dragon's Lair. Es un juego de montaña rusa de ZX Spectrum repintado de castillo, y todavía se le ven las vagonetas debajo de la pintura. Cuatro cartuchos con el mismo nombre y ni un par que se parezca.