Dharma Doujou traslada al arcade la lógica del daruma otoshi, ese juego de mesa japonés en el que se golpean bloques apilados con un mazo pequeño sin que la figura que corona la torre se caiga: aquí un monje (jugador 1) y una sacerdotisa de templo (jugador 2) deben despejar bloques de colores siguiendo esa misma idea, convertida en puzzle de acción. Metro Corporation lo desarrolló y publicó en abril de 1994. Es una de esas piezas que muestran cómo el arcade japonés de los 90 convertía juegos tradicionales locales en mecánicas de videojuego, algo que rara vez se exportaba con éxito fuera de Japón, y que hoy resulta una curiosidad cultural tanto como jugable.

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