Es uno de los primeros títulos con los que Atari intentó demostrar que su consola podía ir más allá de los rebotes y los laberintos: adapta el tres en raya a un cubo de cuatro niveles, obligando a pensar en columnas, filas y diagonales que atraviesan varios planos a la vez. Lo firmó Carla Meninsky, una de las pocas programadoras del estudio en esa época temprana, y ofrece distintos niveles de dificultad contra la consola o partidas de dos jugadores.
Hoy sobrevive como una curiosidad de catálogo: no hay reflejos ni acción, solo un ejercicio de lógica espacial que pedía papel y lápiz mental antes de mover la pieza. Vale la pena por lo que representa —la voluntad de Atari de ensayar géneros de mesa en el living— más que por su vigencia como desafío.

Si te gustó este