Grand Prix 2 pertenece a la abundante familia de juegos de automovilismo que llevaron ese nombre en la era doméstica; conviene no confundirlo con homónimos de otras plataformas y otras décadas. Acá la promesa es simple: pista, rivales y vuelta rápida.
Sin papeles firmes sobre autoría, la ficha se queda con el olor a goma quemada: acelerar, frenar tarde y discutir con la grava. El podio, como siempre, es para el que no parpadea.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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