JL Tetris pertenece al género que ninguna plataforma esquivó: las versiones caseras del rompecabezas soviético, firmadas apenas con iniciales, como corresponde al pudor de la escena de dominio público. Las siete piezas, la gravedad y la línea que desaparece: la fórmula no necesitaba presentación ya en su época.
La ST tuvo decenas de estos tributos, cada uno con sus velocidades y sus paletas. Sin más créditos que ese «JL» del título, queda como ejemplar anónimo del pasatiempo más portado de la historia: dos letras de firma para el juego que no tiene dueño en el corazón de nadie.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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