Super Sprint (Atari Games, 1986) perfeccionó el arte de las carreras en miniatura: circuitos completos en una sola pantalla, autitos vistos desde el cielo y esa conducción nerviosa donde cada curva es negociación con el guardrail. Las llaves inglesas desperdigadas mejoran el bólido, si uno sobrevive para recogerlas.
La conversión casera llegó en la gran era de las adaptaciones de recreativa, conservando el alma del original: partidas breves, rivalidad instantánea y ese zumbido de motor de juguete que es pura banda sonora ochentera.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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