Rompecabezas donde hay que colocar engranajes en un tablero para que la fuerza se transmita de un extremo al otro. La idea es tan simple como exigente: cada pieza mal ubicada detiene toda la máquina, y hay que leer el mecanismo antes de tocarlo.
Es de esos puzles que la Game Boy alojó a decenas y que hoy se redescubren con gusto: no depende de gráficos ni de licencias, solo de una buena idea. Para quien disfrute la lógica pura, sigue siendo un ejercicio limpio.
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