64 Oozumou llevó el sumo, con sus rituales y su choque seco de cuerpos en el dohyo, a un juego pensado exclusivamente para el público japonés. Como la mayoría de los simuladores de deportes tradicionales de la época, privilegió la fidelidad a las reglas y los movimientos reales de la disciplina por sobre cualquier exageración arcade.
Es un juego que nunca buscó cruzar el océano: sin localización ni intención de venderse fuera de Japón, quedó como una pieza más del costado local del catálogo de Nintendo 64, interesante hoy sobre todo para quien quiera ver cómo la consola también abrazó los deportes de tradición japonesa.

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