Como buena parte de los "3 en 1" y "5 en 1" que inundaron el catálogo europeo de DS, esta caja no tiene una identidad propia sino que empaqueta tres modos de juego con caballos —cuidarlos, entrenarlos, competir con ellos— apuntando directo al público que en esos años volcaba horas en simuladores ecuestres como Petz o My Horse and Me.
No hay firma de autor ni ambición de diseño detrás: es mercancía de catálogo, pensada para completar una góndola de videojuegos "para chicas" a precio de oferta. Su interés hoy es casi arqueológico, como muestra de cuánto se explotó ese nicho durante la era dorada de la portátil.
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