Con un humor grosero de estereotipo sureño estadounidense —el "redneck" del título—, propone carreras arcade donde en vez de karts o motos se montan cerdos, cabras o gallinas por circuitos de granja. Forma parte de una veta muy específica de producción económica de mediados y fines de los 2000, hecha en cadena por estudios especializados en juegos baratos con humor fácil.
Nunca aspiró a la calidad ni la tomó en serio la crítica; su lugar en la historia de la consola es el de relleno de catálogo para el segmento de descuento.
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