La gracia de Drawn to Life está en su premisa: casi todo lo que se ve en pantalla -el protagonista, sus armas, elementos del paisaje- nace de dibujos hechos a mano por el jugador con el stylus, que luego cobran vida dentro de niveles de plataformas bastante convencionales.
Fue celebrado en su momento por esa mezcla de creatividad y jugabilidad clásica, algo que aprovechaba a fondo la pantalla táctil de la DS. Sigue siendo un ejercicio simpático de expresión personal dentro de un plataformas sólido, aunque no brillante.
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