El juego mantiene la fórmula de la primera entrega -un mundo abierto donde el jugador vende sus servicios militares al mejor postor entre facciones enfrentadas- con un mapa mucho más grande, destrucción de edificios en tiempo real y un elenco renovado de mercenarios jugables. Pandemic Studios apostó fuerte por la escala y el caos como sellos distintivos de la secuela.
Es recordado tanto por su ambición técnica como por un desarrollo que dejó varias asperezas de pulido, algo habitual en los sandbox militares de esa generación. Sigue siendo una experiencia divertida para quienes disfrutan el caos de mundo abierto sin pedirle demasiada sutileza.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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