En Japón, esta entrega convirtió a la PSP en fenómeno sociológico: sin juego online, los cazadores debían reunirse físicamente, y las cafeterías y esquinas de Akihabara se llenaron de cuartetos cazando Rathalos en ad-hoc. Vendió millones y sostuvo a la consola prácticamente sola en su mercado. Occidente tardó años en entender la fórmula que hoy, con Monster Hunter World y Wilds, domina las listas globales.

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