Dishaster toma prestada la vieja tradición circense de mantener platos girando sobre varas sin que se caigan, y la convierte en un juego de reflejos puros: una niña recorre una fila de varas reactivando el giro de cada plato antes de que pierda impulso y se estrelle contra el piso. Es una de las premisas más originales, dentro de lo modesto, del catálogo de terceros de Atari 2600. Su simpleza lo volvió un juego más de tantos en su momento, pero la rareza de su tema -nada de naves ni laberintos- lo convirtió con el tiempo en una curiosidad simpática para quienes exploran los rincones menos transitados de la biblioteca de la consola.

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