Raiders of the Lost Ark propone una aventura de exploración con múltiples pantallas visibles a la vez, acertijos basados en objetos y una estructura abierta que resultaba insólita dentro del catálogo de licencias cinematográficas de la época, casi siempre más simples. Es uno de los juegos con licencia mejor valorados del 2600, apreciado tanto en su momento como hoy por su ambición de diseño; una rareza dentro del mar de adaptaciones apuradas de películas de los primeros 80.

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