Sigue a Ellie, una chica que cae a un mundo de monstruos y adopta a uno bebé al que cría y entrena mientras ambos exploran un castillo laberíntico dividido en dos planos conectados: la superficie, donde juega Ellie, y las profundidades subterráneas, donde el monstruo crece y pelea de forma semiautomática. Esa dualidad, resuelta con las dos pantallas de la consola, es el corazón del diseño del juego.
Recibido con buenas críticas por su originalidad dentro del género Metroidvania, es uno de esos títulos de mitad de generación que aprovechó a fondo el hardware específico de DS en vez de tratarlo como una limitación.

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