Crackpots (1983) plantea un dilema constante: cada maceta que se tira daña un poco el edificio, así que hay que calcular bien cuándo disparar contra los ladrones que suben por los costados y cuándo dejar pasar para no derrumbar la propia casa. Es un diseño ingenioso típico del mejor Activision de la era 2600, con una curva de riesgo-recompensa que todavía sorprende por lo bien pensada que está para un cartucho tan chico.

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